
La Vía de la Plata debe su origen a un conjunto de calzadas romanas que unían el suroeste con el noroeste peninsular. En su tramo central la calzada romana presenta la denominación técnica actual de Iter Ab Emerita Asturicam; unía dos poblaciones romanas de gran importancia: Emerita Augusta (Mérida), capital de la provincia romana de Lusitania, y Asturica Augusta (Astorga). Siglos después, estos magníficos caminos pavimentados con piedras los utilizaron los árabes en su conquista de los territorios peninsulares, y, posteriormente, una vez completada la reconquista cristiana, fueron los devotos de Santiago quienes siguieron dichas calzadas en su peregrinación a la tumba del Apóstol. La denominación «Plata» no tiene ninguna relación con el metal de argento. No se conoce a ciencia cierta su origen, pero la hipótesis más verosímil parece ser la de una evolución fonética de la palabra árabe Balata, que significa camino empedrado.
Los mejores meses para recorrerlo son marzo, abril, mayo y octubre. En estos meses los extranjeros son mayoría abrumadora. En junio y en septiembre deberemos tomar precauciones en cuanto al calor. En julio y agosto es desaconsejable, al menos el tramo de Sevilla a Salamanca. Y el invierno puede ser una buena alternativa para los solitarios empedernidos.
